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Neuropsicología

Humor y neurociencia

“Qué risa, todos lloraban”. Óleo sobre tela. Pablo Andrés Medici.

¿En qué consiste el humor? ¿De qué nos reímos? ¿Existen diferencias entre hombres y mujeres?. Natalia López, catedrática de bioquímica y biología molecular, participante en el XL Seminario de Centros Educativos de la Universidad de Navarra (norte de España) destacó en la conferencia titulada “Humor y cerebro feliz” que “el sentido del humor termina modificando el cerebro de forma positiva y además fortalece el cuerpo y es saludable”.

Al escuchar un chiste, el cerebro procesa el lenguaje y, cuando la historia toma un giro absurdo, la “central de errores“, una región situada entre los dos hemisferios, detecta el error y sincroniza lo lógico y lo ilógico de la narración, explicó López. Al conseguir detectar el error, el cerebro obtiene una “recompensa” a través de la liberación de dopamina, una hormona que genera una sensación de regocijo que se termina somatizando en una carcajada que, a su vez, fortalece el corazón y genera respuestas somáticas saludables.

Existen algunas diferencias entre el sentido del humor de hombres y mujeres, ya que la parte cognitiva del mismo es igual, pero no la parte emocional. A los hombres, “lo que normalmente les hace soltar la carcajada es que algo sea absurdo”, mientras que las mujeres, “por su mecanismo de procesamiento de las emociones, que es mucho más intenso, necesitan que lo absurdo sea divertido; una cosa simplemente absurda no les hace gracia”.

También hay diferencias entre los adolescentes y los adultos: los primeros “tienen muy poco sentido del humor”, porque captar lo ilógico y lo absurdo “requiere una parte del lóbulo frontal que justamente madura muy tarde”. Además, el sentido del humor necesita una buena gestión de las emociones, pero los adolescentes tienden a procesar éstas de una manera desproporcionada, porque “esperan muchísima recompensa de cosas que no son para tanto”. Esta tendencia hace que los adolescentes en general tengan menos sentido del humor, porque “es más difícil que capten bien la somatización de las emociones, que vean en una cara lo que está pasando”.

“Las personas que nos hacen reír nos hacen felices no tanto porque nos hacen pasar un buen rato, sino porque en el fondo, cuando nos reímos, aunque las cosas estén muy negras, todo se relativiza un poco y eso nos fortalece mucho el cuerpo también”, concluyó.

Tal y como explicaba Natalia, cuando los neurocientíficos se han asomado al cerebro humano para entender el por qué del humor han encontrado que un componente muy importante en los chistes consiste en resolver la ambigüedad semántica de palabras con múltiples significados.

En uno de estos estudios [1] se buscaron en sujetos normales, mediante Resonancia Magnética Funcional, los mecanismos neurales implicados en la resolución de la ambigüedad semántica de las palabras utilizadas en los chistes. Los autores compararon los chistes que utilizaban palabras ambiguas, con frases que contenían palabras ambiguas pero que no eran divertidas, así como chistes que no conllevaban ambigüedad semántica. Observaron que tanto el giro temporal inferior izquierdo como el giro frontal inferior izquierdo estaban implicados en el procesamiento de los aspectos semánticos de la comprensión del lenguaje, mientras que en el procesamiento de los chistes verbales, comparado con material no humorístico, está involucrada una red más extensa que incluye éstas dos zonas, además de la unión temporoparietal bilateral. También encontraron que el escuchar chistes se asocia con un incremento de la actividad en una red de regiones subcorticales, entre las cuales se encuentra la amígdala, el estriado ventral y el mesencéfalo, zonas que se encuentran implicadas en el refuerzo positivo. Además, la activación de éstas zonas se relacionó con la apreciación subjetiva de lo gracioso que era el material presentado.

Los autores de otro estudio [2] remarcaron la importancia de la integridad funcional del lóbulo frontal en el humor. Los investigadores proyectaron a sujetos sanos una película de humor (Mr Bean) mientras medían sus movimientos faciales, así como obtenían imágenes de resonancia magnética de sus lóbulos frontales y la volumetría de éstos. Los resultados mostraron que el volumen del córtex frontal estaba en parte asociado con una menor velocidad de los movimientos de “sonrisa” de los ojos (sonrisa espontánea o de Duchenne). En concreto, el volumen de la materia gris se asoció con una reacción emocional más larga en el tiempo.

Para conocer las posibles diferencias entre hombres y mujeres, en un estudio [3] hicieron a 10 mujeres un escáner mediante Resonancia Magnética Funcional mientras clasificaban una serie de chistes verbales y no verbales como graciosos o no. No observaron diferencias en cuanto a las estructuras cerebrales que se activan referentes al conocimiento semántico, la yuxtaposición y el procesamiento del lenguaje, pero sí encontraron que en las mujeres se activa más una zona relacionada con el funcionamiento ejecutivo (esto es el establecimiento de planes para la consecución de metas, la monitorización de la conducta, flexibilidad cognitiva, etc) y la decodificación del lenguaje, así como otra zona que implica una mayor respuesta a la recompensa y menor expectación de recompensa. Estos resultados dan cuenta de las diferencias existentes entre hombres y mujeres en la integración de la cognición y la emoción.

Fuentes

http://www.elnuevodia.com

1. Bekinschtein, TA, Davis, MH, Rodd, JM, Owen, AM.(2011). Why clowns taste funny: the relationship between humor and semantic ambiguity. J Neurosci; 29;31(26):9665-71.

2. JuckJuckel, G, Mergl, R, Brüne, M, Villeneuve, I, Frodl, T, Schmitt, G,(2011). Juckel G, Mergl R, Brüne M, Villeneuve I, Frodl T, Schmitt G,(el G, Mergl R, Brüne M, Villeneuve I, Frodl T, Schmitt G, et al (2Is evaluation of humorous stimuli associated with frontal cortex morphology? A pilot study using facial micro-movement analysis and MRI. Cortex; 47(5):569-74.

3. Azim, E., Mobbs, D., Jo, B., Menon, V., Reiss, A. (2005). Sex differences in brain activation elicited by humor. PNAS; 102(45): 16496 –16501.

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